Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar.

- José Martí

Monday, March 29, 2010

Paul Samuelson: Obituario Tardío de un Cómplice, Parte 1 de 2

Nota: Artículo escrito por Ian J. Seda-Irizarry y publicado originalmente en Claridad, marzo 18-24, 2010

La más reciente crisis del capitalismo global ha resucitado el trabajo de varias figuras en la historia del pensamiento económico. Algunos ejemplos son: las contribuciones de John Maynard Keynes en torno al papel que desempeña la incertidumbre y la posibilidad de intervenciones gubernamentales en los mercados, Joseph Schumpeter y su énfasis en el papel que desempeña la “creación destructiva” en el ciclo de vida capitalista, el análisis de Hyman Minsky sobre la volatilidad en los mercados financieros relacionada con actividades especulativas, y finalmente la crítica general de Karl Marx sobre las contradicciones inherentes del sistema capitalista.


Ahora bien, la crisis también ha sacado a relucir otra lista de pensadores que en estos momentos no gozan del favor de la disciplina económica dado que de una manera u otra sus trabajos apoyan una ideología que ha quedado “refutada” con la presente coyuntura. En términos generales, ese pensamiento expone que una combinación de mercados libres y competitivos y los incentivos asociados con la propiedad privada, junto a un mínimo o ninguna intervención por parte del gobierno, al menos en cuanto a lo social se refiere, son el mejor andamiaje para acomodar los deseos de individuos que buscan maximizar su beneficio personal.

En esa lista de “condenados” tenemos a reconocidos economistas como Milton Friedman, Eugene Fama, Alan Greenspan, y Larry Summers, cuyos desarrollos teóricos y declaraciones públicas promovieron, de una manera u otra, la visión de que los mercados y sus mecanismos de operación son eficientes, y más cuando son liberados de “regulaciones”.

Resulta interesante, aunque no sorprendente, que un nombre que no suene mucho en este tipo de discusión sea el de Paul Samuelson, quien murió el 13 de diciembre del año pasado y es considerado como el economista más importante de la segunda mitad del siglo 20. En 1970 Samuelson fue el segundo en ser otorgado el premio Nobel en economía, y primer estadounidense. Se le dio el premio “por su trabajo científico a través del cual ha logrado desarrollar una teoría económica estática y dinámica, y por contribuir de manera activa a que se elevara el nivel de análisis dentro de la ciencia económica”.

Samuelson realizó sus estudios doctorales en economía en Harvard bajo la tutela de Schumpeter, Vassily Leontief y Alvin Hansen. Su disertación doctoral sirvió de base para la publicación en 1948 de su libro “Foundations of Economic Analysis”, obra que establecería las normas para llevar acabo la “ciencia económica”. En el mismo señala que hay un principio simple que resume el problema económico: la maximización de una función matemática bajo restricciones. Este principio buscaba formalizar el objeto que tenía la disciplina económica desde la revolución marginalista de los 1870: el estudio de la asignación de recursos dados entre usos alternativos, donde los seres humanos son teorizados como meros "factores de producción" que deciden entre trabajar y actividades de ocio dependiendo de cual combinación les provea la mayor satisfacción. Al traducir tal problema al lenguaje matemático, Samuelson buscaba poner a la disciplina económica a la par con las llamadas ciencias duras (Ej. física) en términos de lograr una objetividad que revelara leyes absolutas que trascendieran a la historia. Cabe destacar que esta obra es posiblemente la culminación del proceso de cambio que se dio a partir de finales del siglo 19, donde la economía política dejó de llamarse así para ser identificada simple y llanamente como economía, tratando de echar a un lado los posibles vestigios morales y subjetivos para lograr ser considerada como una “verdadera ciencia”.

Samuelson pasó a ser parte de la facultad del departamento de economía del “Massachusetts Institute of Technology” (MIT), donde entrenó a miles de estudiantes a analizar la economía a través de su enfoque matemático que en ciertas formas simulaba la física termodinámica. Su libro introductorio “Economics: An Introductory Analysis”, que al presente lleva 19 ediciones, se convirtió en el estándar bajo el cual muchos serían introducidos a la economía y a su vez sería el modelo a seguir por otros libros introductorios.

Por varios años Samuelson escribió una columna periodística en Newsweek, donde su eterno rival Milton Friedman también colaboraba con su propia columna en lo que se convirtió en un terreno de intercambios políticos y teóricos. Es notable destacar que Samuelson también sirvió de asesor a las presidencias de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson.

Sus contribuciones a la disciplina fueron muchas y variadas. En ese sentido puede decirse que fue uno de los últimos grandes economistas. Al igual que su mentor Joseph Schumpeter, Samuelson era un generalista en el campo teórico, característica que en el presente es rara entre los que llevan acabo la carrera académica, donde la especialización extrema es vista como la mejor manera de adquirir conocimiento y lograr fama.

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