La más reciente crisis del capitalismo global ha resucitado el trabajo de varias figuras en la historia del pensamiento económico. Algunos ejemplos son: las contribuciones de John Maynard Keynes en torno al papel que desempeña la incertidumbre y la posibilidad de intervenciones gubernamentales en los mercados, Joseph Schumpeter y su énfasis en el papel que desempeña la “creación destructiva” en el ciclo de vida capitalista, el análisis de Hyman Minsky sobre la volatilidad en los mercados financieros relacionada con actividades especulativas, y finalmente la crítica general de Karl Marx sobre las contradicciones inherentes del sistema capitalista.
Monday, March 29, 2010
Paul Samuelson: Obituario Tardío de un Cómplice, Parte 1 de 2
La más reciente crisis del capitalismo global ha resucitado el trabajo de varias figuras en la historia del pensamiento económico. Algunos ejemplos son: las contribuciones de John Maynard Keynes en torno al papel que desempeña la incertidumbre y la posibilidad de intervenciones gubernamentales en los mercados, Joseph Schumpeter y su énfasis en el papel que desempeña la “creación destructiva” en el ciclo de vida capitalista, el análisis de Hyman Minsky sobre la volatilidad en los mercados financieros relacionada con actividades especulativas, y finalmente la crítica general de Karl Marx sobre las contradicciones inherentes del sistema capitalista.
Tuesday, March 23, 2010
El colapso de las soberanías "exitosas"
Wednesday, March 17, 2010
Unas Preguntitas sobre el ELA Soberano
Sunday, March 14, 2010
El Papel de las inversiones en la Competencia Partidista
Tuesday, February 23, 2010
Crecimiento ≠ Desarrollo
Friday, February 19, 2010
La Caja de Herramientas y la Maquinaria de Producción (Parte 2)
La Independencia y el desarrollo de capacidades
La independencia provee una serie de instrumentos adicionales particularmente útiles para la política macroeconómica. Incluye instrumentos para imponer impuestos y establecer nivel de gastos del gobierno (estos los tiene el ELA). Provee además, instrumentos para determinar la tasa de interés y la oferta monetaria y en el comercio para determinar la tasa de cambio y la tasa de protección. Además, se pueden establecer tratados comerciales y ambientales. Se puede controlar la frontera, las comunicaciones, la transportación y en general reglamentar la organización interna del país. Estos instrumentos pueden utilizarse para crear estabilidad macroeconómica y para promover el crecimiento económico. Los instrumentos que provee la independencia pueden utilizarse para crear condiciones que resulten atractivas para promover la inversión. Sin embargo, en un país en desarrollo deben utilizarse para inducir a los agentes económicos a tomar decisiones en la dirección deseada. La diferencia es que crear condiciones atractivas es una política pasiva, mientras que estimular o inducir decisiones es una política pro-activa.
Tuesday, February 16, 2010
La Caja de Herramientas y la Maquinaria de Producción (Parte 1)
Las leyes, reglamentos, normas y hábitos constituyen el contexto institucional donde las empresas y organizaciones interactúan. El gobierno utiliza las herramientas institucionales para establecer política económica lo que crea unas condiciones que afectan y hasta determinan el comportamiento y ejecución de los actores económicos, particularmente de las empresas. Bajo estas condiciones las empresas se organizan, invierten, se interrelacionan con otros agentes económicos como suplidores, consumidores, otras empresas, bancos, instituciones de apoyo, etc., acumulan tecnología y desarrollan capacidades. Estas actividades crean una dinámica que afecta la estructura industrial e incluso la economía lo que a su vez provoca cambios en las instituciones.
Monday, February 8, 2010
Parte 2: "Los enredos del ELA que Queremos (y cómo evitarlos)"
¿Cómo definir entonces la soberanía? Sugiero la siguiente definición, que es simplemente una manera más sencilla de expresar la idea contenida en la definición utilizada hasta ahora por independentistas y libre-asociacionistas, pero tiene la virtud de dejar menos espacio para la confusión y la demagogia. Soberanía es la facultad de estar sometido solamente a las leyes creadas por uno mismo. Así, un país es soberano si tiene el poder exclusivo de legislar para su territorio. ésta no es para nada una definición novel, es de hecho la manera que juristas alrededor del mundo utilizan para distinguir entre colonias y países soberanos. Preguntarse si Japón es o no soberano es preguntarse si en Japón aplican o no aplican las leyes adoptadas por la legislatura de otro país. De igual forma, la descolonización (en el sentido legal) es usualmente definida como la transferencia total de los poderes legislativos del ex-imperio a la ex-colonia. En ese sentido, para ser soberano no basta haberse organizado políticamente sin intervención extranjera, sino que el producto de ese acto de organización política tiene que ser consistente con la idea de soberanía, con el principio de estar sometido solamente a las leyes creadas por uno mismo.
Saturday, February 6, 2010
Parte 1: "Los enredos de El ELA que Queremos (y cómo evitarlos)"
Friday, January 22, 2010
La "Nueva" Resolución de la Junta de Gobierno del PPD
Wednesday, January 13, 2010
Las Leyes Federales en la Libre Asociación
Monday, December 21, 2009
La anarquía capitalista y el sufrimiento de las mayorías, Parte 2 de 2
Por: Ian J. Seda Irizarry
Wednesday, December 16, 2009
La anarquía capitalista y el sufrimiento de las mayorías, Parte 1 de 2
Por: Ian J. Seda Irizarry
A casi dos años del inicio del pánico bancario y el colapso del sistema crediticio y su efecto en el llamado sector real en Estados Unidos, y la diseminación de su impacto a través de las economías del mundo, la discusión actual está enfocada sobre si ya “pasamos lo peor” o si “lo peor está por venir”. Ya anteriormente examinamos los componentes del argumento en el cual se plantea que la economía norteamericana estaba en vías de recuperación (ver “¿La ilusión de la recuperación?”, Claridad, 13 al 19 de agosto, 2009) y criticamos de manera general los análisis que no tomaban en cuenta la interdependencia global, tanto en términos de relaciones entre naciones como en términos de las operaciones del sistema capitalista global como tal.
Wednesday, November 18, 2009
Después del paro, ¿qué?
La movilización fervorosa de más de cien mil trabajadores durante el paro nacional del pasado 15 de octubre en protesta por los despidos en el gobierno es muestra de que el pueblo no quiere el proyecto de reorganización que la administración de Fortuño impulsa.
Monday, October 26, 2009
El pacto social y el paternalismo soberanista
Saturday, October 17, 2009
Videos del Paro Nacional
Monday, October 12, 2009
Reflexiones de un concierto: En el siglo XXI la PAZ es contestataria.
Monday, September 21, 2009
Cooperación y Solidaridad: Referentes Alternos para un Proyecto de País, Parte II
La competencia en el mercado es injusta y desleal. Las estructuras económicas protegen los intereses del dueño de capital. Su meta es el lucro personal, aspirar a mayores ganancias. El individualismo rige su conducta. Mediante dicha lógica se pretenden resolver problemas colectivos. Los costos económicos y sociales de tal comportamiento son ignorados. Por tal razón, el programa económico adoptado por el Partido Nuevo Progresista no puede ser considerado un proyecto de futuro para el país. Simplemente es la agenda del sector privado empresarial, grupo social que no representa la mayoría del pueblo puertorriqueño ni la diversidad de intereses prevalecientes en él.
Thursday, September 17, 2009
Cooperación y Solidaridad: Referentes Alternos para un Proyecto de País, Parte I
Sunday, September 6, 2009
Enmendar la Ley de Relaciones Federales
Monday, August 24, 2009
El 40 Aniversario de la Fundación de los Young Lords
Para más videos y audios, ver aquí.
Saturday, August 22, 2009
¿La ilusión de la recuperación?, Parte 2 de 2
Por otro lado, tenemos que Wall Street ha estado proclamando la recuperación de la economía a base del aumento del valor en el mercado de las acciones de varias corporaciones. Muchas de estas compañías lo que han hecho es despedir empleados y recortar gastos para que así, aun cuando experimentan ventas menores, todavía logran reportar ganancias al, entre otras cosas, intensificarse el grado de explotación de los trabajadores y trabajadoras que permanecen dentro de la firma.
Wednesday, August 19, 2009
¿La ilusión de la recuperación? Parte 1 de 2
El pasado viernes 31 de julio el gobierno de Estados Unidos reportó que en términos del producto interno bruto la economía se contrajo “sólo” un 1% en el segundo cuarto de lo que va del año. Este dato, combinado con las ganancias reportadas por varias corporaciones y la pérdida de “sólo” 247,000 empleos para el mes de julio, ha sido utilizado para sugerir que posiblemente durante la segunda mitad del presente año se experimente la tan anhelada recuperación que pondría fin a la recesión de casi dos años por la cual está pasando la economía estadounidense. Varios de los economistas han dicho que dicha tendencia decreciente en la contracción de la economía evidencia en cierto grado el esperado pero retrasado efecto de los paquetes de estímulo del gobierno del presidente Barack Obama.
Sunday, August 2, 2009
Capitalismo Neoliberal y Capitalismo Regulado: Dos caras de la misma moneda, Parte 2 de 2
A mediados de junio el presidente Obama propuso “los cambios más significativos en la regulación financiera desde la época de la Gran Depresión”. En esta nueva propuesta, el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal tendrían muchos más poderes buscando que “este tipo de crisis nunca más vuelva a suceder” mediante “nuevas y más estrictas regulaciones” (Associated Press). En términos generales, el proyecto busca fusionar varias de las agencias reguladoras y ponerlas directamente bajo el control de la Reserva Federal buscando así evitar lo que muchos catalogaron como una de las causas de la crisis financiera: el que los bancos e instituciones financieras tuviesen varias opciones y buscasen la institución que menos los regulara para llevar a cabo sus operaciones.
Friday, July 31, 2009
Capitalismo Neoliberal y Capitalismo Regulado: Dos caras de la misma moneda, Parte 1 de 2
En muchos de los círculos populares y académicos, la crisis actual es descrita como el último clavo en el ataúd del pensamiento que sostiene que el libre mercado, junto a la propiedad privada, es la institución fundamental que garantiza la mayor prosperidad posible para los seres humanos. Ese pensamiento que se identifica tanto con el “laissez-faire” como con su manifestación contemporánea en el neoliberalismo, presentaba al mercado como un ente “natural” con el cual el gobierno no debería entrometerse. Se postulaba que intervenir en el mercado mediante regulaciones, tarifas, subsidios, y demás políticas socioeconómicas, significaba atentar contra la libertad de los individuos que participan de dicho mercado, sea como productores, consumidores o ambos. Es en esa perspectiva donde más explícita queda la visión de que el capitalismo y la democracia son inseparables.
Sunday, July 19, 2009
La crisis colonial en Puerto Rico y los empresarios locales
Friday, July 10, 2009
Sobre la privatización de la universidad: "The Dark Side of Online Journals"
Uno de los casos más claros de la privatización de facto en las universidades públicas es el caso de las revistas académicas, que han venido a caer bajo el control de grandes empresas publicadoras. El artículo “The Dark Side of Online Journals”, de Lisa Richmond, explica cómo la privatización de las revistas, que son un instrumento importante en la producción de conocimiento, termina dirigiendo a los investigadores a considerar ciertos problemas y excluir otros, y en última instancia, a trabajar por producir un journal prestigioso que las publicadoras puedan vender a la misma academia a precios exorbitantes en vez de trabajar para producir los conocimientos que todos necesitamos.
Thursday, July 2, 2009
Cláusulas pétreas, golpe en Honduras, y un breve comentario sobre Puerto Rico
Los opositores a Zelaya, así como numerosos analistas políticos hondureños y estadounidenses, insisten en que dicha consulta buscaba enmendar la constitución de Honduras para que ésta permitiera la re-elección presidencial. La constitución de Honduras, igual que la mayoría de las constituciones latinoamericanas (no así la de Estados Unidos como tampoco la gran mayoría de las constituciones europeas), prohíbe que una persona que haya ocupado el cargo de presidente se postule por una segunda vez (de forma consecutiva) para ese puesto. Existen razones teóricas para dicha prohibición (como la importancia que se le da en la teoría democrática y republicana a la alternancia en el poder), pero quizás la razón histórica más importante en el contexto latinoamericano es que, en países en donde ha habido numerosas dictaduras, no se ve con buenos ojos que un gobernante permanezca en el poder por más de 5 o 6 años, aun si es electo mediante el voto.
Sin embargo, la constitución de Honduras vá más lejos que la mayoría de las constitucones latinoamericanas, pues establece que los límites al periódo presidencial no pueden ser objeto de reforma constitucional (ver artículo 374 y 239 de la Constitución de Honduras). A este tipo de cláusula se le conoce en la teoría constitucional como cláusula pétrea o cláusula de intangibilidad, pues pone determinadas diposiciones o principios fuera del alcance del poder de reforma. Las cláusulas de intangibilidad son muy comunes, las más usuales siendo aquellas que disponen algo como lo siguiente: “la forma republicana de gobierno no podrá ser objeto de reforma” (presente en diversas constituciones europeas y latinoamericanas, así como en la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico).
Pero esta no era la única (y probablemente tampoco la verdadera) razón para la desesperación de algunos grupos frente a la posibilidad de la consulta no-vinculante propuesta por el Presidente Zelaya. La consulta al pueblo del 28 de junio, a diferencia de lo que decían los golpistas y de lo que se ha reportado en la prensa internacional, no era para realizar una enmienda constitucional que permitiera la re-elección presidencial (ver aquí y, en inglés, aquí), sino para preguntarle al pueblo si interesaba convocar una Asamblea Constituyente para adoptar una nueva constitución (ver Decreto Ejecutivo emitido el 23 de marzo), que podía o no incluir la figura de la re-elección, pero que abría la posibilidad a organizaciones populares de izquierda a impulsar diversas reformas ecónomicas y sociales (ver por ejemplo, aquí, aquí, aquí, aquí, y aquí). Por supuesto, eran estas posibles reformas (asociadas a las realizadas en países como Venezuela, Ecuador, y Bolivia) las que, junto a las tendencias de izquierda que Zelaya viene mostrando sobretodo a nivel internacional, representaban una amenaza a los intereses de diversas elites, tanto hondureñas como sus aliadas internacionales (para un vistazo, en inglés, de las políticas que antagonizaron a las elites tradicionales, ver aquí; por otro lado, para un vistazo, en inglés, de las políticas conservadores de Zelaya ver aquí).
De hecho, el argumento de que Zelaya intentaba perpetuarse en el poder es mucho más débil de lo que parece pues de haber prevalecido el 'sí' el 28 de junio, se tenía que celebrar un referéndum adicional (la llamada cuarta urna, que de hecho requería el visto bueno del Congreso) en las elecciones generales de noviembre de este año en donde nuevamente se consultaría a los electores, esta vez con efectos vinculantes, sobre la adopción de una nueva constitución a través de una Asamblea Constituyente. Lo que quiere decir que inclusive si la nueva constitución hubiese permitido la re-elección presidencial, Zelaya no hubiese podido beneficiarse inmediatamente de ese cambio (pues ya habría un nuevo presidente, que no podría ser él, en el momento en que se adoptara la nueva constitución). Claro está, en ese caso Zelaya podría haber corrido para presidente en el futuro y subsequentemente aspirar a la re-elección.
Pues bien, el argumento principal de los golpistas es que como la consulta del 28 de junio tenía como objetivo final el enmendar la constitución para permitir la re-elección, y la constitución de Honduras prohíbe ese tipo de reforma, Zelaya se disponía a violentar el orden constitucional y por lo tanto debía ser inmediatamente removido de su cargo (un argumento que según ellos está apoyado por los Artículos 374 y 239 de la constitución pero que, como hemos visto, descansa en una premisa falsa). Además, insistían en que la constitución sólo podía ser enmendada por el Congreso, no a través de una Asamblea Constituyente (de hecho, eso es lo que dispone el Artículo 373 de la constitución, es decir, que las enmiendas son adoptadas por el Congreso, y conforme al Artículo 5 dicho cuerpo puede someter las mismas a la ratificación popular). Siguiendo esta lógica, se presentan a sí mismos como guardianes de la constitución, insistiendo en que no ha habido un golpe de estado sino la instauración de un nuevo gobierno decidido a proteger la constitución que Zelaya intentaba violentar, emitiendo además una orden de arresto internacional en contra de éste último. Irónicamente, numerosas protestas populares han forzado al nuevo "gobierno" a suspender los derechos individuales garantizados en la constitución que alegadamente intentaban defender.
El argumento de Zelaya para seguir adelante con la consulta no-vinculante (la cual insistía descansaba en el Artículo 5 de la constitución, el cual establece el derecho del pueblo a ser consultado sobre asuntos de importancia) a pesar de las determinaciones de distintos órganos estatales puede resumirse de la siguiente manera: en primer lugar, la consulta era no-vinculante, y por lo tanto era el equivalente a una mera encuesta y no existía justificación legal alguna para prohibirla. Más aún, la consulta ni siquiera le preguntaba a los cuidadanos si estaban a favor de la re-elección, sino si les interesaba adoptar una nueva constitución a través de una Asamblea Constituyente. Zelaya, además, descansaba en los precedentes de países como Colombia y Venezuela, que adoptaron constituciones a través de Asambleas Constituyentes, a pesar de que sus constituciones anteriores no contemplaban ese mecanismo. Tanto la Corte Suprema de Justicia de Colombia como la de Venezuela (en 1991 y 1999, respectivamente) determinaron que el pueblo siempre retiene el derecho de ejercer su poder constituyente a través de una Asamblea Constituyente democráticamente electa independientemente del proceso de reforma ordinario que establezca el texto constitucional. Finalmente, es un principio generalmente aceptado en la teoría constitucional que las cláusulas pétreas o de intangibilidad sólo operan contra los poderes constituidos (es decir, establecen límites a la capacidad del Congreso para enmendar la constitución), pero nunca contra el pueblo en el ejercicio de su poder constituyente, el cual se considera ilimitado. A mi juicio, e independientemente de otras críticas que uno pueda tener, el Presidente Zelaya tenía, y tiene, los mejores argumentos (para un análisis adicional de algunos de estos argumentos, ver aquí).
Quisiera terminar refiriéndome brevemente a una cláusula de intangibilidad contenida en la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico que es única en su género, y que está directamente relacionada a nuestro estatus político así como a la convocatoria a una verdadera Asamblea Constituyente en nuestro país. Me refiero a la segunda oración del la Sección 3, Artículo VII de nuestra constitución, la cual establece: “Cualquier enmienda o revisión de esta Constitución deberá ser compatible con la resolución decretada por el Congreso de los Estados Unidos aprobando esta Constitución con las disposiciones aplicables de la Constitución de los Estados Unidos, con la Ley de Relaciones Federales con Puerto Rico y con la Ley Pública 600 del Congreso Octogésimoprimero, adoptada con el carácter de un convenio”.
El objetivo principal de esa disposición es que Puerto Rico no pueda alterar su relación con Estados Unidos unilateralmente. Es decir, Puerto Rico no podría incluir en la constitución (aunque se siguiera minuciosamente el procedimiento legal de reforma establecido en el Artículo VII) una disposición que estableciera: “En Puerto Rico sólo aplicarán las leyes adoptadas por la Asamblea Legislativa electa por los puertorriqueños", pues dicha enmienda sería incompatible con la Ley de Relaciones Federales que establece la aplicación de las leyes de Estados Unidos en Puerto Rico. La constitución original redactada por la “Convención Constituyente” y enviada al Congreso no contenía la cláusula de intangibilidad antes citada, pero el Congreso requirió que la misma se incluyera bajo la amenaza de que de no ser así el Artículo VII no entraría en vigor (para un análisis más detallado de esta cláusula, ver aquí).
Sin embargo, si tomamos en serio los precedentes de Colombia y Venezuela, así como los argumentos esgrimidos por Zelaya, nos damos cuenta de que a dicha cláusula no puede atribuírsele la facultad de limitar el poder constituyente del pueblo. En otras palabras, si algún día los puertorriqueños desarrollamos la capacidad para convocar a una verdadera Asamblea Constituyente, estaríamos en posición de alterar y recrear nuestro ordenamiento constitucional sin estar sujetos a límite jurídico alguno, y eso incluye el poder de modificar unilateralmente nuestra relación con Estados Unidos hacia la independencia.
Thursday, June 18, 2009
La "soberanía Popular"
"El PPD promueve un pacto renovado que afirme indudablemente que el Estado Libre Asociado es soberano en asuntos regidos por su Constitución" (énfasis suplido), indicó Héctor Ferrer el 15 de junio en una ponencia que presentó ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas. Como podrán ver en el post anterior a este, no nos sorprende que a eso se dirigiera Ferrer con la “soberanía popular”, pero la cosa parece ser hasta peor de lo que pensábamos.
Ahora, la soberanía de los puertorriqueños se limitaría a los asuntos regidos por la Constitución del Estado Libre Asociado, es decir, todos aquellos asuntos regidos por las leyes y regulaciones de los Estados Unidos estarían fuera del alcance de nuestros "poderes soberanos". El objetivo del "pacto renovado" sería simplemente dejar claro que en cuanto a aquellas áreas controladas por nuestro ordenamiento constitucional interno (por ejemplo, el funcionamiento de nuestro sistema electoral, los procesos mediante los cuales se adoptan leyes y reglamentos en Puerto Rico y la concesión de permisos), Estados Unidos no puede inmiscuirse. Ya ni siquiera se trata de libre asociación, sino de que Estados Unidos respete los poderes de Puerto Rico bajo la Constitución del Estado Libre Asociado (en otras palabras, que el juez Domínguez no pueda invalidar los pivazos, que el Tribunal Federal no pueda fijar el precio de la leche, en fin, que el ELA funcione 'como Dios manda').
Friday, June 12, 2009
De soberanía popular, poderes últimos, y malas traducciones
¿Tiene sentido hablar de soberanía popular y de soberanía nacional en el contexto del debate en torno al estatus de Puerto Rico? Si y no. Comencemos con un breve examen de ambas concepciones. Conforme a la tesis de la soberanía popular (generalmente asociada a Rousseau), el titular de la soberanía es el pueblo, lo que quiere decir que los representantes electos por el pueblo mediante el sufragio vienen llamados a poner en práctica la voluntad de los ciudadanos. Es decir, el gobierno debe actuar en conformidad al mandato de los electores, independientemente de cuan sabio o conveniente entienda sea ese mandato. Además, el pueblo retiene el derecho a ejercer su soberanía directamente, aun luego de haber elegido sus representantes a la asamblea legislativa. Esta teoría tiene diferentes vertientes y en tiempos contemporáneos está relacionada a mecanismos como los referendums revocatorios y las iniciativas populares para enmendar la constitución, mecanismos presentes en los ordenamientos de países como Venezuela, Ecuador, y Bolivia.
Conforme a la tesis de la soberanía nacional (la cual generalmente se asocia con Sieyes), la soberanía reside en la nación, no en los ciudadanos. Esto quiere decir que los gobernantes vienen llamados a representar la voluntad de la nación, y por lo tanto, una vez electos, no están obligados a actuar conforme a la voluntad de los electores. El voto aparece aquí como un vehículo de la nación para elegir a sus representantes (a los de la nación), no como una expresión del mandato de los ciudadanos para que se adopten determinadas políticas públicas. Rousseau criticaría esta posición por desvincular la voluntad popular a la de la nación. De ahí su famoso comentario sobre el sistem inglés: “Los ingleses creen que son libres, pero sólo lo son durante las elecciones de diputados. Después son esclavos, no son nada. Durante el breve período de su libertad, el uso que hacen de ella merece bien que la pierdan.” Esto de que conforme a la tesis de la soberanía nacional el gobierno no viene obligado a actuar conforme a la voluntad de los ciudadanos puede sonar anti-democrático (y lo es), pero el hecho es que la mayoría de la “democracias liberales” (como Estados Unidos y la mayoría de los países Europeos) operan en la práctica bajo la teoría de la soberanía nacional. Un buen ejemplo es lo que sucedió en Puerto Rico con el referéndum de la unicameralidad: aunque estaba claro que la voluntad de los electores era transformar la legislatura a una unicameral, la legislatura del país decidió que no convenía hacerlo y el Tribunal Supremo de Puerto Rico le dio el visto bueno a tal decisión.
En cierto modo, la distinción entre soberanía popular y soberanía nacional sólo es relevante para los ordenamientos constitucionales de cada país. Es decir, cuando se habla de soberanía en el contexto del estatus internacional de un país esta distinción se torna innecesaria: en ese contexto (jurídico) la soberanía es una sola. Por ejemplo, tanto bajo Allende como bajo Pinochet, Chile era igual de soberano desde la perspectiva de las relaciones internacionales (lo que demuestra, como hemos señalado anteriormente, que obtener la soberanía en términos jurídicos no es suficiente para resolver los problemas de un pueblo). En las relaciones internacionales la idea de "soberanía popular" generalmente se ve como un asunto "interno", pues el reconocimiento de un territorio como estado soberano no depende de cómo estén internamente organizadas sus estructuras de gobierno. Sin embargo, no es menos cierto que hablar tanto de “soberanía popular” como de “soberanía nacional” (según estas fueron definidas en los párrafos anteriores) tiene unas implicaciones importantes respecto al estatus, pues una consequencia directa de ambas tesis es que el pueblo o la nación solamente pueden estar sujetos a las leyes y a la constitución adoptadas por ellos mismos (es decir, no pueden estar sujetos a las leyes de otro pueblo o de otra nación como sucede en las colonias como Puerto Rico). Es en ese sentido que puede decirse que hablar de soberanía popular o de soberanía nacional implica hablar de soberanía en términos de estatus.
Pero cuando Ferrer habla de soberanía popular (de hecho, según han señalado algunos comentaristas radiales, el documento original leído por Ferrer tiene 'popular' en letra mayúscula, o sea “soberanía Popular”, lo que parece apuntar hacia un posible slogan), no está hablando de soberanía popular estrictamente en la tradición que hemos definido en los párrafos anteriores. Ferrer simplemente hizo tres cosas en ese discurso. Primero, tranquilizó al ala "soberanista" del partido, cosa que no es muy difícil de lograr con tan sólo enunciar alguna frase que suene a libre asociación: si algo caracteriza a ese grupo es que felizmente se agarran de cualquier cosa con tal de tener una excusa para permanecer dentro del PPD. Segundo, Ferrer intentó evitar asustar al sector más conservador del partido, pues la idea de "soberanía popular" puede entenderse (como en las relaciones internacionales) meramente como una cuestión de nuestro gobierno interno; es decir, quién es el que "manda" dentro el país (como señaló Ferrer en su discurso: "para que quede claro que aquí mandamos los puertorriqueños").
Tercero, Ferrer está reproduciendo la concepción de soberanía acogida por el PPD en la Asamblea del 2008: soberanía como el poder de “delegar competencias a Estados Unidos” o lo que es lo mismo, soberanía como el poder de enajenar la soberanía. Esto queda ejemplificado en una parte del discurso muy poco mencionada, donde Ferrer señala que hay que desarrollar el ELA para que “no nos apliquen las Leyes de Cabotaje”. Estamos de acuerdo en que las Leyes de Cabotaje no deben aplicar en Puerto Rico, pero esa expresión de Ferrer revela algo mucho más importante: bajo su concepción de desarrollo del ELA las demás leyes de Estados Unidos seguirían aplicando en Puerto Rico. Es decir, la soberanía del pueblo de Puerto Rico se limitaría a decidir, en un momento dado, que está dispuesto a que Estados Unidos siga ejerciendo gran parte de su poder en Puerto Rico. Evidentemente, un arreglo como ese constituye la negación de la idea de la soberanía popular, pues supone enajenar la soberanía, darle a alguien el poder para que decida por uno en el futuro.
La idea de enajenar la soberanía, sin embargo, parece ser consistente con cierta definición de soberania que comparten muchos independentistas y libre asociacionistas: la soberanía como “poder último”. Cada vez se escucha a alguien en Puerto Rico expresar que “un pueblo es soberano si tiene el poder último para decidir sobre sus asuntos” (para un ejemplo, por escrito, ver aquí), resulta difícil entender que quieren decir. ¿Por qué el poder último, por qué no simplemente “el poder para decidir sobre sus asuntos”? Eso de poder último, si se mira con cuidado, en realidad se trata de una mala traducción. En inglés, la soberanía casi siempre se define como “ultimate power” o “ultimate authority”, lo cual en español sería algo así como “poder o autoridad máxima”. Sin poder concluir si se trata meramente de una traducción poco clara o si la misma viene acompañada de alguna intención de confundir, de lo que no hay duda es que “poder máximo” no suena tan simpático a los oídos de aquellos que todavía le temen a la independencia e insiten en delegarle poderes a los EEUU, meramente reteniendo la última palabra sobre qué poderes se van a delegar. Esa "soberanía", llámesele "soberanía popular" o llámesele como se le llame, no es otra cosa que la continuación del colonialismo.
Tuesday, June 2, 2009
El neoliberalismo y la desastrosa situación del trabajador en EEUU
El periodo neo-liberal que ha hecho crisis no se caracteriza simplemente por la privatización de bienes públicos. Como hemos visto, esto es parte del funcionamiento normal del capitalismo que busca penetrar todo tipo de relación social para garantizar que el trabajador dependa intensamente del mercado y lograr así explotarlo al máximo. Lo que define al neoliberalismo es la manera en que esa privatización ocurre.
El papel de las compañías transnacionales, la hegemonía de EEUU con su dólar, el sistema internacional financiero y el endeudamiento del trabajador son fundamentales para esa privatización (para análisis de la crisis que enfatizan la importancia de estas estructuras, en inglés, ver aquí). Todas estas estructuras se cebaron durante el periodo de la reconstrucción de la posguerra gracias a la alianza entre capitalistas y reformistas. Pero mientras las armas de los capitalistas se desarrollaron, las de los trabajadores no hicieron lo propio para ofrecer resistencia significativa, pues sólo tenían uniones que negociaban con los capitalistas los medios para obtener mejores condiciones de trabajo y más bienes de consumo sin desarrollar efectivamente estructuras alternativas. Cuando la alianza se volvió un obstáculo para los capitalistas, los trabajadores no estaban preparados para hacer frente al asalto de sus contrarios. (Ver parte 3, sección 1.)
Uno de los elementos más propios y, a nuestro juicio, más fundamentales de este periodo es la importancia que el crédito tiene en la apropiación capitalista de la riqueza. Aparte del mecanismo usual de apropiación de riqueza del capitalismo (la compra de la fuerza de trabajo que produce más de lo que necesita para reproducirse, a cambio de lo que el/la trabajador/a tan sólo necesita para poder regresar a trabajar al otro día) el capitalismo neo-liberal, sobretodo en EEUU, substituye el aumento de salario al/la trabajador/a por préstamos, endeudándolo así sistemáticamente. Los intereses que los trabajadores pagan financian más préstamos o producción propiamente, tanto en EEUU como en el resto del mundo. Más aún, la promesa de pagaré del trabajador le sirve al capitalista para especular. Los/las estadounidenses pueden comprar cada vez más bienes en el mercado producidos por compañías multinacionales porque aunque sus salarios se estancan desde los años 70, utilizan el crédito para satisfacer sus crecientes necesidades. Mientras más se endeudan y más compran los estadounidenses, más producen los sweatshops de las multinacionales al otro lado del mundo, las cuales por lo general emplean trabajadores en los países periféricos para los procesos estandarizados de manufactura mientras que emplean estadounidenses y otros trabajadores sumamente diestros en otros países del centro para procesos más sofisticados, como los de investigación y diseño. La deuda de los trabajadores, atada a cada vez más complicados derivados financieros, es vendida a inversionistas extranjeros quienes encuentran en ellas una inversión segura. La riqueza producida por los trabajadores al otro lado del mundo sirve para el financiamiento de la investigación y desarrollo, la compra de maquinaria y equipo avanzados, y el financiamiento de la deuda del/la trabajador/a en EEUU. En última instancia, sirve para pagar los relativamente altos pero estancados salarios del trabajador en EEUU, cuya fuerza de trabajo es más cara en virtud de todo el valor concentrado en su país, que requiere que el trabajador tenga más gastos, como por ejemplo, costosos entrenamientos.
La expansión del capital en este sistema implica la expansión del crédito del trabajador en EEUU y la super-explotación de los trabajadores en el resto del mundo. Asegurar el aumento del crédito y con ésto el poder adquisitivo del/la trabajador/a estadounidense se vuelve imprescindible. Para ésto hay que tomar por asalto las viejas instituciones y organizaciones, tanto en EEUU como en el resto del mundo, y re-privatizarlas para que tengan ganancias y sirvan para financiar la vorágine. Por ejemplo, las partes del estado benefactor que funcionaban como potes de fondos que el trabajador ponía para satisfacer sus necesidades (por ejemplo, los fondos para servicios de salud, educación, retiro, que el/la trabajador/a pagaba mediante sus impuestos) ya eran privados en el sentido de que el/la trabajador/a no los controlaba y su objetivo primordial era mantener una mano de obra saludable y diestra, y no plenamente sana ni creativa. La llamada privatización neoliberal lo que hizo en este caso fue desmantelar estos potes y, para todos los efectos, dárselos a bancos y aseguradoras, que cubrirían los gastos, siempre prestos a cobrar elevadas pólizas o intereses. El dinero que el capitalista obtiene de venderle al/la trabajador/a los medios para estar saludable o diestro, ahora se utiliza para especular o financiar otras empresas que le permitan al/a trabajador/a estadounidense estar en posición de pagar sus costosas pólizas y sus deudas. La función de mantener las destrezas del/la trabajador/a lo suficientemente sanas continúa, pero ahora no sólo a través de organizaciones más propiamente capitalistas sino que patrocinadas por y patrocinadoras del sistema de deudas.
El problema es que la necesidad de tomar por asalto esas viejas instituciones también pone al/la trabajador/a en una situación precaria. Esto es un problema serio porque el/la trabajador/a tiene que pagar su deuda para que el sistema funcione. La crisis estalla cuando una de las partes en el corazón del delicado andamiaje financiero internacional deja de poder pagar.
Esto ocurrió de manera definitiva en el mercado de bienes raíces de EEUU. Muchos trabajadores/as ya endeudados hasta la coronilla, utilizaron sus casas como garantía para préstamos hipotecarios con intereses que aumentarían con el tiempo. Los prestamistas que ahora han sido demonizados por prestarle a estos trabajadores/as con poca posibilidad de pago (los infames préstamos "sub-prime") habían estado siguiendo la lógica de la estructura global, según la cual el valor de la casa aumentaría cuando los intereses se utilizaran para otros proyectos que aumentarían la riqueza global, aumentando por tanto el valor de los bienes raíces. Esta fantasía no contemplaba, entre otras cosas, que el salario del/la trabajador/a no aumenta. Llegado el momento de pagar los intereses más altos, con sueldos que no aumentaban, endeudados hasta la coronilla, no pudieron pagar todas sus deudas, incluso la hipoteca de la casa, que es la última que uno deja de pagar. Dada la compleja interconexión de los derivados financieros, esto creó un efecto dominó con todas las deudas, que dependían de alguna manera de los pagarés de los/las trabajadores/as, extendiéndose en primer lugar a los/las trabajadores/as con buen crédito y luego al resto de la economía. El/la trabajador/a no paga sus deudas porque el sistema financiero se colapsa y le rompe el "leverage", y el sistema financiero se colapsa porque el/la trabajador/a no paga sus deudas. Eventualmente esto llega al sector industrial, que comienza a tomar las medidas típicas de una crisis (botar gente, forzar a los trabajadores a bajar sus salarios con la amenaza de despidos, etc.). Así no sólo el valor de las casas se desvanece y con ellas su "leverage," sino el salario de los trabajadores, y con ésto su posibilidades de pago. El resultado global de este proceso es que las mercancías producidas en el extranjero ya no se venden en EEUU, de manera que a nivel global vemos los procesos correspondientes de descomposición.
Podemos hacernos una idea mejor de la crisis al considerar que se espera que este año hayan más de 3,000,000 de desahucios en EEUU (Reuters, 16 de abril de 2009). Hay millones de personas que han sido desahuciados mientras las casas construidas con esfuerzo permanecen desoladas. Para marzo la tasa de desempleo en EEUU iba por 8.5% y la de los latinoamericanos en ése país por 11.4% (la tasa de participación para enero es de 65.5%, Bureau of Labor Statistics). En otras partes del mundo la situación se complica hasta el punto de surgir problemas tan básicos como de abastecimiento de alimento. En Puerto Rico, donde el ELA nunca pudo resolver el problema de emplear a la gente, la tasa de desempleo para enero era de 13% con una tasa de participación de 44% (Junta de Planificación). Pronto esto aumentara, gracias a las decenas de miles de empleados públicos que ya han comenzado a despedir.
En resumidas cuentas, hay millones de trabajadores con capacidad de trabajar desempleados, herramientas, máquinas y productos terminados que no se usan, mientras hay necesidad de los bienes que no se pueden consumir y, más recientemente, ni si quiera producir. Los/as estadounidenses siempre han pensado que son el centro del universo; en el caso del período de la posguerra y el período neoliberal capitalista con su crisis no estaban muy lejos de la verdad.
Friday, May 29, 2009
La nominación de Sonia Sotomayor
No pretendemos negar los méritos de Sotomayor o la satisfacción que se pueda sentir frente al hecho de que la hija de dos puertorriqueños que emigraron a EEUU a mediados del siglo pasado, criada en un residencial público del Bronx, tenga ahora la posibilidad de ocupar una de las principales posiciones en la estructura gubernamental de ese país. Sin embargo, nos parece importante señalar lo siguiente. Los nombramientos de minorías o de personas pertenecientes a grupos históricamente subordinados a puestos gubernamentales siempre se presentan como victorias substanciales, pues se piensa que a partir de ese momento estos grupos tendrán un verdadero representante en una posición de poder. Pero no puede perderse de vista que el ser nombrado al Tribunal Supremo de Estados Unidos, o a cualquier otra posición de poder, como lo es la presidencia de EEUU, supone estar llamado a ser parte de los más altos componente de una estructura gubernamental que oculta, bajo la apariencia de igualdad del "estado liberal de derecho", importantes relaciones de poder. Relaciones en las que grandes sectores de la población, sobre todo aquellos con transfondos de clase similares a los de Sotomayor, ocupan el lugar menos privilegiado. En ese sentido, no se trata de que los grupos subordinados ahora vayan a tener en el Tribunal Supremo a alguien cuya función será proteger sus intereses, sino de que una persona que pertenece a un grupo históricamente subordinado, ha sido llamada a formar parte del aparato jurídico que, al menos en parte, sostiene esas relaciones de subordinación.
Thursday, May 21, 2009
La soberanía más allá del estado como actor
Esta concepción de soberanía permite desenredar los líos que arman los colonialistas Populares sobre qué significa tener soberanía. No somos soberanos y no podemos serlo mientras EEUU someta a Puerto Rico a sus instituciones. También podríamos argumentar que no somos ni seremos soberanos mientras estemos sometidos a los dictados del mercado capitalista internacional o de las compañías transnacionales.
Sin embargo, es peligroso limitarnos a ver al estado como un actor que se gobierna a sí mismo. No podemos perder de vista que el que en realidad actúa y se regula a sí mismo, por medio del estado, es el ser humano. En primer lugar, si sólo miramos al estado asumimos acríticamente la posición privilegiada de los grupos dominantes, desde la que lo importante es lo que ellos puedan hacer con el estado y no los problemas concretos de la gente. Desarrollar una estrategia propia, es decir, anti-colonial, se vuelve imposible. Si nos limitamos a ver al estado sin las relaciones sociales que lo componen, perdemos de vista que hay estados que independientemente de que estén sometidos a un poder externo o no, están constituidos de tal manera que aún siendo creaciones del ser humano (y, por lo tanto, debiendo estar a su servicio), terminan dominándolo. Se vuelven poderes internamente externos. Si reducimos el problema de la soberanía al estado que se gobierna a sí mismo, facilitamos además la concepción de la comunidad internacional como una de individuos en igualdad de condiciones, ocultando así el problema fundamental de la interdependencia basada en relaciones de poder, tanto a nivel de la hegemonía estadounidense, que hace que otros países supuestamente soberanos se sometan a sus instituciones, como del capital transnacional, que incluso supedita a los poderosos EEUU a sus necesidades.
Los independentistas necesitamos que nuestra concepción de soberanía tome en cuenta y sea capaz de explicar estos problemas para luchar por una soberanía verdadera, atacando las múltiples dimensiones del colonialismo. Tenemos que concebir al estado como actor para entender las relaciones internacionales, pero esta concepción no puede ocultar cómo los individuos utilizan los poderes del estado, así como de estructuras supraestatales, para resolver sus problemas, dándoles así vida.
Saturday, May 16, 2009
Las nuevas consultas de estatus: ¿Cuál es el problema?
Las críticas más obvias en contra de dicha propuesta ya las hemos escuchado: que no se cuenta con los votos en el Congreso; que Estados Unidos nunca estará dispuesto a comprometerse de antemano a respetar el resultado de un plebiscito en el cual una de las opciones sea la estadidad; que los plebiscitos no funcionan como mecanismo para resolver el problema de estatus; que este plebiscito es un truco electoral para eliminar de la papeleta al Estado Libre Asociado y lograr así una mayoría artificial a favor de la estadidad, entre otras. El problema fundamental del proyecto de Pierluisi, sin embargo, es que asume al colonialismo como una alternativa política legítima.
En otras palabras, el proyecto reconoce el derecho del pueblo a decidir 'libre y democráticamente' si quiere continuar una relación colonial (si quiere seguir siendo un territorio o no). Tal posición contradice tanto la idea de libertad como la idea de democracia: ambos conceptos, además de ser incompatibles con el colonialismo, tienen como límite su propia negación. Dicho de otra manera, el concepto 'libertad' no incluye el derecho a decidir no ser libre, pues dicho 'derecho' implica la negación de la libertad; decidir a través del voto dejar de gobernarse a sí mismo, no constituye un ejercicio democrático, pues implica dejar de vivir en una democracia. Así mismo, un proceso electoral en el cual el colonialismo aparece como una alternativa válida, como una de las opciones que serían 'respetadas' por el imperio, difícilmente podría calificarse de descolonizador.
Tuesday, May 12, 2009
La situación del trabajo y el trabajador en este 1ro de mayo, parte 3, sección 1
Sección 1: El periodo reformista como antesala al neoliberalismo
La crisis global y la crisis del modelo colonial en Puerto Rico no son excepciones a la regla o exabruptos de lo que para sus defensores es un sistema, por lo general, justo y coherente, sino la manifestación más clara de la irracionalidad que es la norma del capitalismo y de todo sistema imperial. No podemos conformarnos con explicaciones por parte de intelectuales que sólo ven la naturaleza humana en el capitalismo o en la colonia, por lo que se limitan a ver movimientos cíclicos, pendulares o de eternas luchas entre el bien y el mal o entre el orden y el desorden. Esto a lo que lleva es a conformarse con bregar dentro de las posibilidades de la reforma con el supuesto de adelantar las posiciones de los trabajadores y trabajadoras, pero adelantarlas siempre y cuando sigamos dentro del capitalismo y su coloniaje. La nueva crisis mucho menos nos autoriza a cruzarnos de brazos en espera de que la misma locura del sistema lo desgarre. Tenemos que mirar más allá de la premisa de que el capitalismo y el coloniaje son las condiciones indispensables para poder proponer soluciones eficaces. Para esto nos corresponde explicar de qué manera específica se organizó el capitalismo neoliberal que está en crisis ahora.
No pretendemos cubrir todos los detalles de lo que es un problema complejísimo, sino resaltar algunas de las tensiones básicas, generadas por la subordinación de los trabajadores y trabajadoras, que hacen que el sistema entre en crisis. La etapa de la posguerra, momento donde Estados Unidos se convirtió en el indiscutible epicentro del capitalismo mundial, ya contiene el germen de la subsiguiente etapa neoliberal. Al ver cómo esta etapa sienta las bases para la crisis de hoy, vemos de paso cómo el reformismo, que trabaja sólo dentro de los límites del sistema, si bien le ganó muchas concesiones a los trabajadores y trabajadoras en esta etapa que logró dominar, fracasó en fortalecer la posición de éstos para que pudieran mantener los adelantos logrados; lo que sí logró fue fortalecer la posición del capital frente al trabajo.
El acuerdo firmado en Bretón Woods, New Hampshire en 1944 entre banqueros, economistas y representantes de varios países fue lo que marcó las nuevas reglas de juego para el capitalismo global, donde el dólar iba a ser el eje alrededor del cual iba a girar el nuevo orden monetario internacional. De ese evento también surgieron dos instituciones íntimamente ligadas con Washington y que desempeñaron un papel muy importante en el curso de la historia tanto en la etapa reformista como en la etapa neoliberal: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Por otro lado, el Plan Marshall facilitó los medios para la reconstrucción de las economías destruidas por el conflicto bélico, lo que brindó a los Estados Unidos una creciente demanda foránea de sus productos (según ciertos estimados, Estados Unidos producía más del 50% de los productos industriales mundiales luego de la guerra), además de detener la avanzada de movimientos anticapitalistas en el exterior en el contexto de la guerra fría.
El capitalismo norteamericano parecía garantizar un ambiente relativamente estable dentro del cual la inversión, el comercio y la producción podían crecer rápidamente a través de gran parte del mundo. La llamada “época dorada” del capitalismo representó para muchos reformistas la confirmación de que las intervenciones del gobierno no sólo podían sacar a la economía mundial de la depresión de los 30, sino que también podían evitar los movimientos cíclicos que habían caracterizado la historia del sistema. Este éxito era celebrado aún más cuando se señalaban los crecientes niveles de vida material a los que estaban expuestos especialmente la mayoría de los estadounidenses, independientemente de que no tenían ni voz ni voto sobre el fruto de su trabajo, o lo que es igual, ningún control directo.
Es importante notar que no podemos explicar la materialización del llamado "excepcionalismo americano", donde una parte sustancial de la población se benefició de una manera u otra, enfocándonos solamente en el rearreglo internacional luego de la Segunda Guerra Mundial. También es importante comprender el papel del reformismo, que logró un pacto entre el capital corporativo y el sector laboral unionado dentro de la sociedad estadounidense, así como en las potencias derrotadas en la Segunda Guerra Mundial. Si bien el McCarthysmo y legislaciones como el acta Taft-Harley debilitaron a las uniones en EEUU, las mismas lograron posicionarse como entidades con el potencial de obtener concesiones sustanciosas para la clase obrera dado al miedo que había a que resurgieran movimientos sociales radicales como los que se dieron durante la Gran Depresión: muchos de ellos inspirados en ideales marxistas y que cuestionaban la subordinación del trabajo al mercado capitalista. Además, el surgimiento de la Unión Soviética seguía siendo una inspiración latente que debía ser controlada. No obstante, los arreglos entre ambos bandos no alteraron de manera fundamental la forma en que las corporaciones operaban y la forma en que el trabajo seguía siendo subsumido al mercado capitalista. Las corporaciones seguían teniendo control absoluto sobre las decisiones operacionales de la empresa, como por ejemplo, sobre las decisiones acerca de la producción, inversión, desarrollo de tecnología y mercadeo. A cambio de que aceptaran estos poderes gerenciales, a las uniones se les reconocía como representantes legítimos de los intereses inmediatos de los trabajadores y trabajadoras siempre y cuando los mismos no cuestionaran el poder y control de los capitalistas sobre las empresas y, por tanto, sobre la producción. En otras palabras, las uniones garantizaban una fuerza laboral dócil a cambio de mejores condiciones de trabajo, mejores oportunidades de conseguir empleo y salarios crecientes (en muchos casos no sólo ajustados por inflación, sino también por aumentos en la productividad de los trabajadores). La otorgación de todos estos beneficios fue en gran medida posible gracias a los aumentos en productividad (la reducción del costo por unidad producida) y la situación geopolítica de EEUU durante el periodo posguerra, que duró aproximadamente 20 años.
El periodo neoliberal hizo su entrada cuando la rentabilidad de las corporaciones se estancó, por lo que se adoptaron políticas que llevaron al desmantelamiento del acuerdo entre capital y trabajo que acabamos de examinar. Los países destruidos durante la Segunda Guerra Mundial habían terminado su reconstrucción y alcanzado a EEUU en términos de crecimiento capitalista. Este logro fue posible, entre otras cosas, gracias al desarrollo que EEUU mismo promovió en ellos para poder fortalecer a sus aliados contra los soviéticos y poder nuevamente competir con ellos. Al aumentar la producción mundial, la competencia fue mayormente a base de precios y el salario de los trabajadores y trabajadoras como costo de producción imputado al precio de venta, se convertía de manera más explícita en un ente antagónico a las ganancias capitalistas. Es decir, salía a flote que bajo esas nuevas circunstancias ambas variables no podían moverse en la misma dirección de manera sostenida. Esto es fundamental para explicar el estancamiento en los salarios reales estadounidenses por las últimas tres décadas.
La situación se complica cuando se requiere una creciente demanda que pueda absorber toda esa producción global y es aquí cuando el capitalismo se reorganiza y eleva el papel del crédito a una posición fundamental. La deuda se convierte en el nuevo vehículo para garantizar que haya un equilibrio entre producción y ventas. Al trabajador se le provee un mayor poder adquisitivo vía crédito en lugar de aumentar sus salarios. Esta alternativa es importante dada la cultura de consumo desarrollada durante la edad de oro, donde al trabajador se le había acostumbrado a experimentar niveles crecientes en los estándares de vida gracias a los aumentos en productividad y en salario. Los capitalistas dejaron de pagar mejores sueldos y, por consiguiente, estos se estancaron, y se abrió la puerta a la dependencia del trabajador en el crédito. Desde el punto de vista del capitalista, el interés devengado de los préstamos era una manera más fácil de capitalizar que el proceso descrito anteriormente donde le compra la fuerza de trabajo a los trabajadores y trabajadoras y se apropia del valor del producto total, valor que excede el valor de esa fuerza de trabajo que compró.
El capitalismo orientado a aumentos en la demanda vía aumentos en el consumo, para estimular la producción, que a su vez lleva al sistema a una posición de empleo pleno (postulados fundamentales del keynesianismo), fue posible gracias a las inversiones de la posguerra, el acuerdo entre capital y trabajo, y el régimen de Bretón Woods. A nivel nacional los ingredientes institucionales del keynesianismo junto con sus correspondientes estructuras internacionales, dieron paso a que surgiera otra de las características particulares del periodo neoliberal: el capital transnacional y su articulación vía las empresas multinacionales. Al aumentar el grado de competencia luego de la recuperación europea y japonesa, muchos firmas dentro de varios de los sectores industriales buscaron localizarse en sitios más rentables.
El proceso de relocalización contribuyó a que el sector obrero fuese perdiendo fuerza ya que se iban perdiendo empleos, cosa que ayudó a frenar el crecimiento en salarios dado, entre varios factores, a la erosión en el poder de regateo del sector laboral, pero, como mencionamos anteriormente, el que se haya facilitado crédito a los trabajadores y trabajadoras sustituyó los aumentos en salarios para que continuara la demanda de más y más bienes y servicios, cosa que a su vez puso presiones inflacionarias en el sistema. De hecho, una de las características del periodo neoliberal es un aumento tanto en el desempleo como en la tasa de inflación, dos instrumentos asociados con disciplinar a la clase trabajadora, cuyos beneficios crecientes ponían en peligro a las ganancias corporativas dado el nuevo ambiente competitivo a nivel internacional.
En fin, el acuerdo feliz entre el capital y el trabajo había terminado unilateralmente a principios de los '70 con la reorganización del sistema en busca de mantener su rentabilidad. La transición fue posible gracias al surgimiento de compañías multinacionales y a la extensión de crédito dentro del andamiaje monetario internacional, desarrollado alrededor del papel hegemónico de la economía estadounidense. El hecho de que los trabajadores y trabajadoras no tuvieran ningún derecho sobre el desarrollo de estas estructuras y la manera como cayeron las concesiones del pacto dejan claro que los trabajadores y trabajadoras, aun con todo lo obtenido en el periodo reformista, no sólo seguían produciendo de acuerdo a las necesidades de los capitalistas, sino que no desarrollaron sus propias condiciones para hacerle frente al capital y hacerse dueños de su propio destino.
Wednesday, May 6, 2009
¿Es la libre asociación superior a la independencia?
Friday, May 1, 2009
La situación del trabajo y el trabajador en este 1ro de mayo, parte 2
La crisis capitalista y la reforma: todo cambia menos la subordinación del trabajo
Las crisis vienen cuando la manera en que el capital ha ido organizando las condiciones para explotar al/a la trabajador/a se vuelve inefectiva, porque las mismas necesidades que va creando el/la trabajador/a hacen que el sistema tenga que atender demasiados problemas como para que sea rentable al capitalista. El problema es típico de cualquier sistema imperial, pues trata de imponer las necesidades de uno sobre las necesidades de muchos y esto no se puede mantener intacto por mucho tiempo. El que está en el poder se vuelve insensible a las necesidades de la mayoría, las cuales se vuelven mayores y más complejas, por lo que periódicamente hacen falta reformas. El trabajo, subordinado al mercado capitalista como fuerza de trabajo que se vende, va logrando desarrollos tecnológicos y políticos según lo que requiere el capitalismo, pero con el tiempo van surgiendo problemas ineludibles para los que la manera en la que el capital organizó la sociedad originalmente no tiene solución efectiva. En esos momentos los capitalistas tienen que buscar la forma de reorganizar toda la sociedad sin cambiar la base del capitalismo: que el/la trabajador/a tenga que vender su capacidad de trabajar y comprar todo lo que necesita de tal forma que los capitalistas puedan emplearlo, pagarle lo que le cuesta reproducir esa mano de obra y quedarse con el valor total de lo que produce (ver parte 1, útlimo párrafo).
El desgaste de las maneras en las que los capitalistas organizan la producción global se complica porque los capitalistas buscan la forma de que la reproducción de capital (tomar el dinero acumulado, comprar herramientas, materiales y mano de obra, producir algo y venderlo para tener más dinero) sea lo más rápida posible, y a menudo el capital acumulado no tiene salida, en especial, si han logrado empobrecer a los trabajadores al punto de que a penas pueden comprar una ínfima parte de toda esa riqueza producida. Entonces encuentran en las arriesgadas acrobacias financieras la forma de quedarse en el reino del dinero y evitar tener que bregar con todo lo que es de este mundo, del trabajo, sobretodo con el/la trabajador/a que suda, se cansa, se enferma; que quiere otras cosas que simplemente hacer chavos; que se rehúsa a seguir el tiempo que marca el oro.
Bajo el ritmo normal de la vida en el capitalismo, como se produce primeramente para aumentar el capital, surgen necesidades enfermizas y se vive en constante insatisfacción y frustración. El/la trabajador/a en su vida cotidiana como asalariado/a no puede ser creativo/a en su trabajo, aprende poco y se hace daño; lo que produce a menudo no lo puede comprar, si lo puede comprar suele estar mal hecho, y si por fin consiguió lo que no podía comprar ya se produjo más riqueza que ahora no puede comprar. Como no controla lo que puede crear pero sigue teniendo la necesidad de crear, encuentra a menudo distracciones obsesivas, muchas de las cuales el capitalismo no tarda en empaquetar y vender. Cuando las crisis estallan, los capitalistas exigen más y mayores sacrificios de los trabajadores y en el peor de los casos los botan y cierran sus fábricas y tiendas con la esperanza de salvar su capital mientras la situación mejora. Pero como los trabajadores no pueden comprar, no hace sentido que ningún capitalista ponga su capital "a producir". Mientras tanto, las cosas que los trabajadores necesitan no se producen, y las que ya están producidas (incluyendo las herramientas y los materiales para producir) se guardan bajo llave mientras los trabajadores pasan sus peores miserias.
En este punto los capitalistas no pierden tiempo en movilizar al resto de la sociedad para que venga a su rescate. Esto no suele ser difícil cuando todo el mundo de hecho necesita que el capital circule. No hay que olvidar que bajo este arreglo, como único uno puede satisfacer las necesidades propias es satisfaciendo las del capital. Por esto, los intelectuales reformistas ya tienen casi todo el trabajo hecho, puesto que la gente nota que si el capital no se mueve para emplearlos, la vida empeorará.
Los reformistas que más simpatizan con los trabajadores y que están al tanto de la lógica del sistema reconocen en este punto que aunque el capitalismo explota y nos tiene que llevar a otra crisis, tenemos que salvarlo porque no podemos llegar a una sociedad radicalmente distinta si antes no resolvemos los problemas inmediatos. Esto es cierto, pero la manera de atacar los problemas inmediatos no puede depender por completo de que el capital nos explote. Necesitamos resolver los problemas inmediatos estableciendo las condiciones básicas de las cuales depende la sociedad que queremos, donde el trabajo no está subordinado a sus creaciones. Es lo mismo que con cualquier proyecto: si uno quiere hacer una mesa redonda, por ejemplo, no agarra las herramientas, los materiales, las técnicas y los planos que uno usa para hacer un banco y al final dice: "por lo menos podemos comer sobre él". Si lo único que uno tiene son las condiciones con los medios para hacer lo de siempre uno los tiene que cambiar de manera que correspondan al fin que uno persigue.
El rumbo que tomará la reorganización de la crisis e incluso si será victoriosa o no dependerá de qué tan bien estén organizados los trabajadores. Cuando sus líderes e intelectuales se limitan a usar el plano basado en el capitalismo, no importa cuán bien organizados estén, es cuestión de conseguir concesiones--que por lo general ellos disfrutan más que nadie--y esperar entonces por el tiempo del imperio, el movimiento cíclico, la vuelta del péndulo o el eterno retorno para entonces supuestamente volver a tener otro adelanto. Este cuento lo hacen en todas las crisis y aquí estamos de nuevo. Si hay péndulos, movimientos cíclicos y eternos retornos es en buena medida gracias a la implementación de esos cuentos. Cuando por el contrario, se desarrollan los líderes e intelectuales que toman seriamente el plan de una sociedad nueva--un plan que teniendo como centro el trabajo no está escrito en piedra como el que tiene por centro el capital, sino que es dinámico--, no sólo se consiguen concesiones que resuelven los problemas inmediatos, también comienzan a desarrollarse las estructuras que anuncian la sociedad nueva.
Thursday, April 30, 2009
La situación del trabajo y el trabajador en este 1ro de mayo, Parte 1
La importancia del trabajo
El 1ro de mayo, Día Internacional del Trabajo, representa para muchos un grito de protesta ante las salvajes injusticias y atrocidades que provienen de un sistema donde lo importante no es servirle a la mayoría, sino conseguir la acumulación de más y más ganancias para una minoría que dispone del control (ya sea directo o indirecto) sobre los medios que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades. Desde su inspiración inicial en 1886 basada en acortar la jornada de trabajo a ocho horas, hasta el presente con las manifestaciones pro inmigrantes en Estados Unidos, o el paro contra las privatizaciones que el gobierno de Fortuño se prepara a implementar en Puerto Rico, este día sirve de bandera para los distintos grupos y organizaciones en todas las naciones del mundo que reconocen la explotación, dominación y opresión que de una manera u otra se manifiesta en su diario vivir bajo el presente régimen socioeconómico.
Una de esas formas de opresión es el hecho de que la importancia del trabajo no se reconoce. Algunos, los más retrógradas defensores del capitalismo, obvian incluso que el trabajo crea, reproduce y aumenta la riqueza. También ignoran que el trabajo crea los medios y las condiciones necesarias para el capitalismo. Otros, los más reformistas, simplemente limitan las posibilidades del trabajo: se vuelve sólo actividad mental en la mente; actividad que crea normas, contratos e instituciones en un universo institucional; actividad que crea signos y lenguaje en un mundo 'textual'. Lo que todos evaden es que el ser humano de carne y hueso tiene que satisfacer sus necesidades naturales, y que al trabajar con los medios y las condiciones que ha creado para ello, crea en sí mismo la fuerza, la inteligencia, la técnica y el conocimiento que lo abren a nuevas necesidades. La naturaleza del ser humano no es que sea 'racional', egoísta, un otro absoluto, etc. La naturaleza del ser humano es que trabajando crea su propia naturaleza.
En estos momentos en los que el capitalismo está pasando por su crisis más aguda desde la década del treinta, las versiones más retrógradas se han acallado. Han resurgido discusiones de índole reformista donde se discute salvar, arreglar o regular el sistema. Pero lo que necesitamos es un profundo cuestionamiento sobre la necesidad y deseabilidad del sistema capitalista y su lógica. Para ello tenemos que posicionarnos de lleno desde el punto de vista del trabajador.
En el capitalismo, el trabajo se desenvuelve fundamentalmente bajo las condiciones del mercado, las cuales fueron creadas anteriormente. Una vez se desarrollan los medios y la necesidad de expropiar al trabajador, éste queda sin sus antiguas propiedades (ciertamente "libre", pues ya no tiene el apoyo ni las responsabilidades de las relaciones anteriores), y no le queda otro remedio que vender su fuerza de trabajo en el mercado. Con ello, el que se hace dueño de las herramientas y materiales, emplea al trabajador. El trabajador produce la riqueza de la sociedad, pero en vez de recibir el valor de lo que produce, recibe sólo el valor de lo que le cuesta en el mercado adquirir los medios para satisfacer sus necesidades básicas (techo, alimento, educación, entretenimiento, etc.). En otras palabras, al trabajador se le remunera para asegurarse de que sea capaz de regresar a trabajar de la misma manera al otro día. El capitalista aumenta su riqueza cuando emplea a los trabajadores para vender lo que éstos produjeron, les paga lo adeudado, y se queda con la diferencia. A raíz del control que tiene sobre los medios de producción, que en este caso son mercancías que sólo el capitalista puede comprar y organizar para producir, el capitalista le dicta al trabajador qué y cómo producir para que cuando éste aumente la riqueza de la sociedad, aumente el capital. Esto, dicho sea de paso, explica la ceguera de los defensores más fanáticos del capital, pues ven todo desde el reino de la igualdad del mercado sin mirar las injusticias en el trabajo, y explica también la insistencia de los reformistas en crear empleos e incluso empleos que paguen más o el salario justo, pues esto no afecta en nada la raíz del problema.